martes, 13 de septiembre de 2011

El idioma de Lepanto



Parece que ahora se discute si es conveniente o no el intento, o supuesto intento, de acercamiento de Obama al mundo musulmán.
La verdad es que esos rumores de que el presidente americano profesa la fe islámica me resbalan más que un poco, y otro tanto, como mínimo, los debates sobre la conveniencia de crear una mezquita en la zona cero del atentado del 11 de Septiembre, máxime cuando el  destruido World Trade Center ya había una mezquita, y cuando lo que se proyecta ahora no está allí, ni es realidad una mezquita.
Lo que de veras me da que pensar es la traducción que se hace de estos intentos occidentales de acercamiento, porque la verdad es que todos comprendemos que al cambiar de idioma se emplean distintas palabras, pero parece que nos cuesta comprender que al cambiar de cultura también se modifica el significado de lo que el otro entiende.
O si prefieren, lo digo de otro modo, para que no se diga que doy vueltas al asunto sin hablar claro: cuando aquí, entre nosotros, hablamos de diálogo, de tratar de ponerse en la piel del otro y de tolerancia, respeto y acercamiento, entendemos que tratamos de superar las barreras históricas y de desconocimiento con una cultura que durante siglos nos fue hostil, ya fuese por razones económicas, religiosas o territoriales.
¿Pero qué es lo que se comprende al otro lado de la barrera? Nada: debilidad. Se entiende que les tenemos miedo y queremos congraciarnos. Se entiende capitulación y cobardía. Se entiende que Occidente quiere calmarles para poder seguir explotando sus recursos y mantener una hegemonía mundial que va contra sus sagrados principios y desnaturaliza su civilización.
Cualquier traductor sabe que no es tan importante lo que el hablante dice como lo que el oyente entiende, y creo que deberíamos preocuparnos más por lo que entienden nuestros interlocutores y tratar de hablar en su mismo idioma. Si decimos una cosa y nos entienden otra no es sólo su problema: también lo es nuestro.
No hace falta ir tan lejos para explicar esta idea: todos conocemos gente a la que si se la trata mal te respeta y que empieza a pensar como estafarte el día que te empiezas a portar un poco mejor. No debería ser así, pero todos conocemos a algún personaje de ese tipo. Todos conocemos gente que llama idiotas a los que son buenos, que llama imbécil al que no roba y lelo al que no defrauda.
Es triste, pero hoy por hoy, y por muchas razones, buena parte del mundo musulmán se ha radicalizado hasta graves extremismos y sucede precisamente eso: que entienden como debilidad cualquier intento de acercamiento. Y por debilidad de los suyos cualquier intento de entendimiento con Occidente.
Hoy por hoy, creo que no hay más remedio que ofrecer a los moderados la mano tendida, y a los otros el método de Lepanto. Por hablar a cada cual en su idioma y que te entiendan, más que nada.

lunes, 18 de abril de 2011

Las alas que nos llevan volando a casa

Hay muchas maneras de estar en este círculo que llamamos vida


Un hombre sabio busca una respuesta, alumbra con su vela la noche.

¿Es una joya sólo una piedra que encontró una manera de brillar?

¿Es la sangre de un héroe más honrada que un trago de vino de un vagabundo?
¿Te hable una mañana en algún mundo lejano?

¿Me salvaste de una flecha?, ¿me dejaste en una tumba?

¿Fuimos hermanos en un viaje?, ¿me ensñaste a correr?

¿Fuimos batidos por las aguas?, ¿te dejé tendido al sol?



Soñé que era un profeta en la pradera

Soñé que era una montaña en el viento

Soñé que te arrodillabas y me tocabas con una flor

y me desperté con una flor en la mano.



Sé que el amor es ver a todo el infinito en uno.

En la hermandad de las criaturas, quién es el padre y quién es el hijo.

La visión de tu bondad me sostendrá a través del frío.

Toma mi mano ahora para recordar cuando estés solo.

Nunca estás solo



Y el espíritu llena la oscuridad de los cielos

Se llena el infinito anhelo del alma

Vive dentro de una estrella demasiado lejana para soñar con ella

Vive dentro de cada parte y el todo

Es el fuego y las alas que nos llevan volando volar a casa.


Joe Henry.
 
Lo he traducido lo mejor que he sabido...

martes, 25 de enero de 2011

Deja enpaz a Dulcinea...

Aún no ha empezado la historia. Muchos de los personajes no se conocen todavía entre ellos ni creen que les pueda suceder algo como lo que va a ocurrirles.


Gonzalo ha salido del trabajo hace un cuarto de hora y camina con las manos en los bolsillos hacia una cafetería del caso antiguo.

Julián lo espera en la cafetería. Ha llegado un poco antes de tiempo y aprovecha para leer el periódico.

Raquel mira postales de cumpleaños mientras María paga unas fotocopias que acaba de encargar. Luego se irán juntas al mismo café donde quedaron los chicos.

Miguel repasa por tercera vez una operación matemática que parece impecable pero no arroja el resultado esperado.

Sara está viendo la tele mientras acaricia al perro.

Santiago descarga cajas de una furgoneta y las baja trabajosamente al sótano de una librería polvorienta.

La historia aún no ha comenzado. Se desencadenará en unos minutos cuando alguien, sin darse cuenta, ponga en marcha un mecanismo oculto.

Los hechos que van a suceder no serían posibles en otro lugar, ni en otro momento, ni con otras personas. La mayoría de las historias se apoyan en personajes frecuentes, o intercambiables, de los que hay un centenar de cada tipo en todas las ciudades. Esta no: lo que está a punto de suceder necesita una conjunción muy específica y muy difícil de repetir.

Las ciudades pequeñas producen estas rarezas. Su falta de actividad es como una válvula cerrada que acumula energía, reflexión, nobleza y resentimiento, mezclándolas en unas condiciones de presión y temperatura que no se encuentran en ninguna otra parte.

Gonzalo ha llegado ya al café.

Julián dobla el periódico y lo deja sobre la barra.

Raquel se rehace la coleta y María se queja del frío mientras mira el reloj.

Miguel ha encontrado el error en la operación matemática.

Sara sigue acariciando al perro, aunque su hermano haya cambiado la tele de canal.

A Santiago le queda una docena de cajas por bajar al sótano.

Aún no ha sucedido nada. Pero está todo ahí: en las calles llenas de charcos, en el gesto desabrido que opone la gente al viento, en las piedras centenarias, en los escaparates brillantes junto a portales oscuros.

Esta todo ahí. Se ha ido acumulando.

jueves, 23 de diciembre de 2010

El ajedrez. Un caso delicado

Hay cosas sobre las que se discute y otras sobre las que se pasa de puntillas, proque la excepción npo confirma la regla, sino que la debilita.

A lo mejor con estas historias de la igualdad nos hemos pasado de frenada sin darnos cuenta, o quizás queden cosas por discutir y lo mejor sea mira4r para otro lado, antes de que alguna horda levantisca se nos lance a la yugular.


El caso, amigos, es que yo puedo comprender que se reconozcan las diferencias físicas entre hombres y mujeres, y que existan categorías separadas, masculina y femenina para el tenis, el atletismo y otros muchos deportes donde la fuerza física, la masa muscular y esa clase de consideraciones fisiológicas de músculo, hueso y tendón son de primera importancia.

¿Pero por qué hay Federación Femenina de Ajedrez? , ¿cómo se justifica su existencia?

¿Acaso alguien piensa que la capacidad intelectual de las mujeres o su poder de abstracción es menor y necesitan una categoría aparte? No lo dicen, por supuesto, pero el caso es que la hay, y el caso es que los títulos de ajedrez llevan a veces una W delante para indicar que WGM es una gran maestra.

Quizás fuese el momento de acabar con este anacronismo (lo que sería muy malo para el ajedrez femenino, porque por la razón que sea no logran competir a alto nivel con los hombres, salvo las honrosas excepciones de las Polgar) o de hablar claramente de unas diferencias que nadie, ni yo, está dispuesto a señalar con el dedo.

Entre tanto y no, la Federación Femenina de Ajedrez sigue siendo una especie de secreto. Algo que existe, pero de lo que es mejor no hablar. Por el bien de la candidez, de la inocencia, de la ingenuidad... y de la integridad física.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

EL PRECIO DE LA VIDA

Hay que repetir sin cesar, cual es el precio de la vida.

Es el instrumento admirable, puesto en nuestras manos para forjar la voluntad, pare educar nuestra conciencia, para construir una obra de razón y de corazón.

La vida no es tristeza, sino alegría hecha carne.

Alegría de ser útil.

Alegría de dominar lo que podría empequeñecernos.

Alegría de actuar y de entregarse.

Alegría de amar todo lo que vibra, espíritu o materia, porque todo, engarzado en una vida recta, eleva y aligera en lugar de pesar sobre nosotros.

Tenemos que amar la vida.

A veces, en las horas de cansancio y de hastío, llegamos a dudar de ella.

Debemos dominarnos, reaccionar.

Son muchos los hombres viles. Pero junto a ellos, junto a esos cuya bajeza es una blasfemia de vida, existen otros: Todos aquellos, los que vemos y los que no vemos, que no son así y que, por no serlo, salvan al mundo y al honor de vivir.
 
(Recibido por correo)

jueves, 5 de agosto de 2010

No creo en el dios notario

No hace mucho, Raquel me preguntaba cómo puedo seguir creyendo en Dios después de lo que ha pasado y me sorprendí de que le atribuyera a Él alguna responsabilidad en el desastre, lo mismo que me admira el agradecimiento de los que han sido acreedores de una gracia inesperada. Para mí Dios es creador, supremo ingeniero que construyó el universo como quien monta una máquina; si el ingeniero es bueno aporta el necesario combustible y la máquina funciona por sí misma; sólo si es un chapucero necesita revisar a cada momento el mecanismo, ajustar los engranajes, inventar nuevas piezas o sustituir las que se han deteriorado a causa de un mal diseño.


No, el Dios en el que yo creo no es un manazas que necesite revisar continuamente su obra: surgimos de la materia que él dejó en alguna parte y somos nosotros, sólo nosotros, los responsables de sortear las dificultades o atollarnos en el camino de la evolución. El Dios en el que yo creo sólo es creador, y dirigirse a él en busca de solución para un problema es como rezarle a Fleming cuando cogemos catarro. El Dios en el que yo creo ni tan siquiera es juez, y mucho menos notario; no nos vigila constantemente, ni se preocupa de llevar cuentas de nuestros actos: y así tiene que ser, porque tampoco nosotros registramos en un inmenso catálogo todos y cada uno de los lugares donde picotean nuestras gallinas en una huerta.

Por supuesto, Raquel no pudo entenderlo; no consigue comprender que alguien crea en cosas prescindibles y las convierta luego en parte de su vida. Dios sólo es dios porque no sirve para nada, y haré por Sara después de muerta lo que nunca habría hecho por ella en vida, y lo haré por mí, archivero de imposibles, curador de un museo de objetos inútiles, ideas inertes y esperanzas inservibles.

lunes, 31 de mayo de 2010

Una vela por un beso


Un beso travieso encuentra

tu boca su loca

inconsciencia

agita

tu pecho

te quita

el estrecho

vendaje de encaje que cubre

tu alma. La calma que antes

tuviste

no existe

ahora: la hora de amar

ha llegado,

al hado

que envía

el deseo

lo veo cercano lanzando su arcano

en pos

de tu piel.

Yo bien sé que ahora es difícil mantenerse fiel.
 
 

sábado, 1 de mayo de 2010

En la noche de Walpurgis

Mar y cielo son ya negros


como dos fúnebres cuervos

que aguardando están su presa

y su pico busca en vano

en mí un corazón humano

mientras la muerte me besa.

lunes, 20 de julio de 2009

Fui suyo


Y lo era. Fui suyo mucho tiempo, y creo que muy a gusto. Creo que con Laura fui feliz. Si existe eso de la felicidad es que alguien te espere por la ma ana a la puerta del instituto para darte un beso, o que te frote la nariz cuando te quedas mirando al vacío. Si existe la felicidad es mirarse al espejo y tratar de averiguar que ha visto en ti la persona más maravillosa del mundo para estar contigo. ¿Qué eso es el amor? ¡Bah!, ¿y qué diferencia hay?

martes, 12 de mayo de 2009

El revés


Aún queda quien dice que la realidad es tozuda, e incluso los hay que creen, contra toda evidencia, que la verdad resplandece. Lo que no mencionan es que, en ocasiones, necesita revestirse de prodigio o superchería para resultar creíble, porque la verdad desnuda no interesa ni a los aficionados al porno.

Así vemos que a menudo le sucede a lo auténtico como a la vaca de Swift, que sólo acabaría en manos de su legítimo dueño si el juez se convencía de que el ladrón tenía derecho a quedársela.

De este modo es como los más valerosos defensores de la verdad se convierten a veces en los peores cínicos y en los mayores embusteros.
A ellos dedico esta historia.


De "la serpiente Lazarillo"

lunes, 26 de enero de 2009

Somos lo que nos vamos


El alma de la tierra son sus gentes.
Durante el romanticismo decimonónico nació una teoría, si se quiere un tanto idealista, que sin embargo refleja perfectamente el sentir de algunos de nuestros mayores. Afirmaban los seguidores de aquella tesis que la tierra aporta su carácter a los hombres que la habitan, y marca en ellos su impronta a través de los alimentos con que los sostiene, el clima en que los envuelve y las dificultades orográficas que les impone. Los hombres a su vez determinan el carácter de la tierra con las obras que construyen y los artificios que idean para convivir con ella. Finalmente el hombre vuelve a la tierra para alimentarla con su sangre y con sus huesos. La tierra alimenta al hombre, y el hombre a la tierra, y si este doble pacto se rompe, sufre la tierra y sufre el hombre.
El pacto se ha roto y nuestros pueblos se mueren, pero no estamos ya en aquel siglo XIX, enso ador y tremendista, sino en una época donde se impone analizar las causas, una época donde por fortuna es más apreciado lo espectacular en la medicina que en los sepelios.
Las políticas europeas, para ser eficaces, deben combatir en primer lugar y ante todo los dos problemas de los que derivan los demás: el despoblamiento progresivo y el envejecimiento de la población.
No hay política ni proyecto que merezca el mínimo respeto si su fundamental objetivo no es que las personas puedan vivir en su tierra y puedan vivir mejor.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Homenaje a Martín Santos (y a León)


Hay ciudades tan aletargadas por inviernos montaraces, tan asentadas en piedras rancias y tradiciones acartonadas, tan pagadas de sí mismas pero nunca por sí mismas, tan pastoreadas de obispos que rechazaron toda industria por no verse rodeados de obreros, gente zafia y malhablada que trabaja más que reza, tan perdidas entre curvas que no cesan y autovías que no llegan, tan acostumbradas a guardar una corona en el baúl, tan cerca de muchos puertos pero todos de monta a, tan roídas de endogamia más o menos ostensible, tan ahogadas entre ríos que son ríos porque estorban y no porque llevan agua, tan decoradas a medias por parques donde no hay ni os, tan entra ables como una abuela coja, tan plenas de posibilidades como una abuela coja, tan ágiles como una abuela coja, tan lucidas de casas nuevas que nadie sabe quién compra y aún menos para qué, porque siempre están cerradas, tan amables para andarlas, tan tenaces en su lucha contra el tiempo, si lucha es dejarse llevar con dignidad, tan carentes de teatros que no sean cines y de cines que no sean minifundios, tan ciegamente confiadas en que no hay mal que cien a os dure, ni cuerpo que lo resista, ni necesidad de buscarle remedio porque al fin Dios proveerá, tan pobladas de pobres que sí son pobres y ricos que no son ricos, tan encastilladas en la más feroz indiferencia, tan alejadas del mundo que no existen si no nieva, y si nieva sólo existen con cadenas, tan traídas y llevadas en blasones seculares, tan envueltas en banderas que a la postre son sudarios, tan afables y tranquilas, tan devotas de la boina y el manteo, de la faja color carne y el moquero, que sólo tienen catedral.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Seremos tristes

Es inútil: nada pueden los torrentes de argumentos que descienden de la lógica para arrastrar los obstáculos, de nada sirve pensar que todo se reduce a cambiar el objetivo por otro que busque y quiera lo que podemos ofrecerle. Todos seríamos más felices si aspirásemos únicamente a lo que podemos lograr, o a lo que racionalmente nos conviene, pero no es posible cambiar lo que queremos sin dejar por el camino jirones de dignidad, y tanto da claudicar por cobardía como por pura inteligencia. Es claudicar y basta.
Sólo queda, pues, una salida que no implique rendición: seremos necios y porfiados insistiendo en exigir pan a las piedras y dulces trinos al asno. Simularemos sorpresa ante cada impensado desaire, ante cada desdén reflejo, ante cada indeliberado desprecio. Fingiremos interés por asuntos que jamás nos importaron, por los cables y las redes que interconectan vacíos, por los fines que no existen, por los medios que los buscan, por los hombres enganchados, las mujeres conectadas y los coros que les cantan alabanzas multimedia en formato MP3.

Seremos mansos, tranquilos, sonriendo a la ignorancia, acallando el improperio que atrapado a última hora aún rebulle entre los labios. Remedaremos sonrisas donde sonrisas se esperen y al final, tal vez al cabo, ensayaremos verdades entreveradas de bromas.

Seremos tristes de nuevo, imaginando sus labios humedecidos en besos de travieso experimento, imaginando otros brazos alrededor de su cuerpo, otras manos perfilando su cintura, apoyadas en el firme pedestal de sus caderas, imaginando otros ojos reflejados en los suyos, siempre el maldito reflejo.

Seremos tristes de nuevo representando caricias que nunca osamos probar, que ella nunca aceptaría, arriesgaremos ensayos en sus dedos o en su pelo y arriesgaremos con miedo, con temor a ese reproche que alguna vez ya entrevimos.

Seremos tristes porque tristes nos queremos: es el único motivo si es que motivos precisa semejante antología de amatorios desatinos y penas extravagantes. Seremos tristes porque la melancolía es verde musgo del alma y sienta bien a los recintos devastados, a las ruinas de fortalezas perdidas y hasta a los pobres apriscos donde a diario reunimos las cabras de los anhelos, los incontables reba os de este Majadero Concejo de la Mesta que pastorea los celos por veredas cuesta arriba.
Seremos tristes porque sólo tristes dejamos de ser ridículos.


El privilegio de Dulcinea, Javier Pérez, 2001.

jueves, 31 de julio de 2008

Entender


¿Y qué culpa tengo yo de que no piensen las flores?

Pero quién si no: nuestro es el exceso y nuestro el artificio, y si hay reo, si es preciso que alguien cargue con esta cruz astillada, con estos grilletes romos, ha de ser el que reviste de consciencia la belleza, el que sabe pero ignora, el que conoce y olvida, el que interroga y disfraza, el que idea la mentira porque entiende la verdad.

Entender es la condena. Entender que la esperanza es un placebo, una píldora de azúcar para un cáncer de vehemencia, un fracaso a plazo fijo que cobra a precio de usura cada día que entretiene su demora. Comprender y al fin callar, ante cada circunstancia adversa, ante cada despedida, ante el mundo y el espejo, sobre todo ante el espejo. Callar como enmudecen los sepulcros, que corrompen lo que dicen que atesoran, callar como las madres callan cuando el hijo las defrauda, callar hasta convertir en misterio lo que sólo es un fracaso del raciocinio, del vanidoso intelecto, que se quiere pionero y va siempre por detrás del sentimiento, justificando sus errores, defendiendo sus caprichos con argumentos capciosos, sepultando sus vergüenzas bajo alfombras de artificio.

El privilegio de Dulcinea, Javier Pérez, 2001.

miércoles, 23 de julio de 2008

Respeto a los libros


En 1936 (o 38) los nazis organizaron una gran quema de libros.

En aquel entonces, estaba de corresponsal del New York Times en Berlín John Dospassos, y en una rueda d eprensa preguntó al minsitro de Cultura, Dr. Ley:


-¿Por qué queman ustedes estos libros? Tratre de explicarlo al público americano.


Y repuso el doctor Ley:


-Porque son infecciosos, peligrosos y nocivos. Porque creemos en la fuerza de los libros, también en la de los malos, y porque lamentablemente no está en nuestra mano quemar a los autores.


Razón no tenía, pero a veces se echan de menos alguien que crea en ellos, aunque sea para mal.