El sueño y el olvido



Intentó sentir piedad por aquel atajo de esclavos, o al menos por sus familias, pero lo único que consiguió fue que se le revolviese aún más el estómago. La adicción podía superarse con fuerza de voluntad, y conocía a muchos que lo habían logrado. Con ayuda o por sus propios medios, negándose simplemente a volver a inyectarse. Los que se dejaban triturar en aquel molino siniestro, arrastrando de paso a los suyos, no eran seres humanos sino basura. La adicción no era como una mutilación de guerra: a un mutilado no le basta con la voluntad de recuperar sus piernas para volver a andar, pero aún así, a fuerza de coraje, muchos lograban llevar una vida casi normal, absolutamente digna. ¿Cómo podían reclamar compasión los que no eran capaces de sobreponerse a su propia mano?
Pero, ¿qué habían hecho sus madres, sus esposas o sus hijos?, ¿cual era su delito? El peor seguramente: la mansedumbre. La tolerancia. Intentar comprender al germen que te mata, negociar con él, acercarse a sus razones. No se puede ser comprensivo con la lepra. No hay ecuanimidad ni compasión con ella que no equivalga al suicidio.


El comisario Müller, en La Espina de la Amapola

2 comentarios:

ty dijo...

FELICIDADES!! tienes un premio al esfuerzo personal! entra en mi blog y lee las instrucciones, jejje!

Un saludo enorme enorme enorme enormeee!

Ciao!

Anónimo dijo...

"hatajo", no atajo...